La interminable ampliación del Jorge Chávez: Más de 20 años de planificación, inversión y un aeropuerto aún sin acceso
- truthtrailprensa
- 14 may 2025
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Una promesa que no despega
La ampliación del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, obra clave para el desarrollo logístico y turístico del Perú, ha estado marcada por postergaciones, conflictos y críticas desde hace más de dos décadas. Aunque la concesión se otorgó en 2001, el nuevo terminal recién comenzó a construirse en 2019. Hoy, más de 20 años después, el aeropuerto aún no está plenamente operativo, con problemas que van desde deficiencias en planificación hasta impactos sociales no mitigados.
Una concesión de 30 años que tardó casi dos décadas en arrancar
En 2001, el consorcio privado Lima Airport Partners (LAP) recibió la concesión del Aeropuerto Jorge Chávez por 30 años, comprometiéndose a ampliar su infraestructura para responder al crecimiento de pasajeros y mejorar la conectividad internacional del Perú.
Sin embargo, pasaron casi 18 años antes de que iniciaran las obras físicas, recién en 2019. Las razones de esta demora fueron múltiples: interminables negociaciones, cambios de gobierno, disputas técnicas y la compleja liberación de terrenos necesarios para la expansión.
Y justo cuando las obras arrancaban, llegó la pandemia de COVID-19, añadiendo otro obstáculo a un proyecto que ya arrastraba años de retraso.
Promesas rotas y una ejecución sin claridad
El proyecto no solo ha sufrido demoras, sino que también ha enfrentado una creciente falta de transparencia y confianza. Informes de avance poco claros, modificaciones reiteradas en los plazos y una débil fiscalización por parte del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) han generado desconfianza pública.
Aunque LAP asegura que el nuevo terminal está listo, la ausencia de accesos viales — responsabilidad del Estado — impide su funcionamiento. Verónica Zambrano, exfuncionaria clave del sector, advirtió que aún si se abrieran las puertas hoy, tendría que pasar al menos un año de operaciones para lograr la conformidad final de obra.
Un terminal nuevo... sin caminos para llegar
Uno de los mayores problemas que enfrenta la ampliación es la falta de acceso vial al nuevo terminal. Según Bloomberg, el MTC planeó un metro, una autopista y un puente de ocho carriles para conectar con el aeropuerto, pero ninguna de estas obras se completó a tiempo.
El Puente Santa Rosa, pieza clave de la conectividad, tiene fecha estimada de entrega en enero de 2029. Mientras tanto, en 2025 se han destinado S/367 millones adicionales para acelerar proyectos como la Vía Expresa Santa Rosa y el Puente 17.
Estas inversiones, si bien necesarias, también generan dudas sobre la eficiencia del gasto público, especialmente en un país con muchas necesidades sociales urgentes.
Entre el colapso del aeropuerto actual y la incertidumbre en el Callao

Mientras tanto, el aeropuerto actual muestra signos de agotamiento. Diversos gremios turísticos han denunciado un colapso operativo: baños clausurados, sistemas de climatización deficientes, salas de embarque saturadas y una pista de aterrizaje que, según fuentes internas, jamás recibió mantenimiento integral en años.
Además, el medio experto en aviación de nombre “Aviacionline” aseguró que el costo de oportunidad de los retrasos podría representar hasta un 1.2% del PBI regional anual, debido a pérdidas indirectas en productividad, logística y comercio exterior.
Paralelamente, las comunidades del Callao han denunciado un incremento en la contaminación sonora y ambiental, así como una escasa comunicación oficial respecto al futuro del proyecto y su impacto directo en la zona.
¿Puede despegar esta oportunidad?

La ampliación del Jorge Chávez resume muchos de los males estructurales del país: burocracia ineficiente, falta de coordinación interinstitucional y escasa transparencia.
Aunque el terminal en sí parece estar casi listo, su uso depende de una red vial incompleta. Y con cada postergación, crece la presión pública y privada para que esta megaobra cumpla finalmente su promesa.
Los más de S/346 millones asignados para 2025 son una muestra del esfuerzo presupuestal para corregir el rumbo. Pero también obligan a una reflexión profunda: ¿cómo aseguramos que las grandes obras del país no se conviertan en monumentos al retraso?
El Perú necesita infraestructura de clase mundial, pero también merece gestión eficiente, diálogo social genuino y visión de largo plazo. El Jorge Chávez aún puede ser un símbolo del progreso nacional, pero solo si aprendemos — y corregimos — antes de despegar.




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